Las máquinas tragaperras en los barrios populares ecuatorianos

En Ecuador hay un promedio de 100 tragaperras en cada barrio popular de su capital. Esta cifra preocupa a las autoridades de este país sudamericano ya que por ley las máquinas tragaperras no pueden operar en sitios que no sean hoteles de cinco estrellas. Pero la realidad es otra, en diversos barrios de Ecuador operan tragaperras, desde las que están ubicadas en las tiendas hasta las ubicadas en casinos y que pertenecen principalmente a la empresa Invermun. Éstas últimas están siendo objeto de investigación por supuestos pagos de sobornos a funcionarios del gobierno. Los tragaperras se encuentran esparcidos por todos los barrios y en todas las poblaciones del país. Es que este negocio ha tentado a más de un pequeño comerciante. La dueña de un negocio por ejemplo recibe en comisión el 30% de las ganancias que genera la tragaperras en su local. A éste llegaron “unos señores” y le dejaron una máquina tragaperras sin pedirle que cumpliese requisitos ni condiciones, salvo tenerla conectada a un tomacorriente y ubicada en un lugar visible al público. Semana a semana dichas personas concurren al lugar a obtener las ganancias de las tragaperras y luego de pagarle la “comisión” a la dueña del negocio se retiran.

Las máquinas tragaperras manejadas de esta forma generan cuantiosas ganancias para sus dueños y tentadoras comisiones para quienes las alojan en sus comercios. He ahí el nudo de la problemática, pues en mucho de esos negocios de los barrios populares de Ecuador, ésa es una forma de subsistir ante la poca entrada de dinero fruto de las ventas de sus productos.

Preocupa a las autoridades y a los padres de escolares la cercanía de las máquinas tragaperras a los centros educativos. Muchos niños suelen gastar el dinero que sus progenitores les dan para el almuerzo o la merienda en las tragaperras.

Esto no debería suceder, pues está fomentando el problema de la adicción al juego desde tempranas edades. Los tragaperras están en su periferia; están también por todo lado, en las tiendas, en los locales donde hay cabinas telefónicas u ofrecen Internet, en panaderías o puertas de domicilios.

Ante el caso de un niño cuyos padres le habían dado el dinero para la mensualidad del colegio pero nunca llegó a pagarla habiéndosela gastado en las máquinas tragaperras, una preocupada docente explica: “Es un problema para nosotros, los profesores, porque nos toca redoblar esfuerzos para controlar a los chicos. He pedido varias veces que cierren los negocios (donde se encuentran las tragaperras) a la hora de salida de clases, pero los dueños no hacen caso y nosotros no podemos hacer nada más”.